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El viaje de la rana

11/06/2009

Una mañana la rana salió de su charca y le dijo al glotón:
—Me voy de viaje. Quiero saber qué hay más allá del bosque y más allá de la montaña.
Siempre dice lo mismo, pensó el glotón.

Pero esta vez la rana hablaba en serio y hop, hop, se puso en camino.
—¡No te vayas! —gritó el glotón.
—¡Te escribiré todos los días! —prometió aún la rana cuando ya desaparecía.

Pasó un día y pasaron cien. Cada mañana salía el glotón a mirar si había una carta. Pero nunca llegó nada. Al glotón se le acabaron las lágrimas y se olvidó de la rana. Un buen día se fue de allí para siempre con una tortuga que buscaba castañas.

Tras muchos viajes y aventuras la rana se sintió cansada. Entonces pensó en el glotón y decidió volver a la charca. Qué mal sabor llegar y descubrir que su amigo ya no estaba.

Gonzalo Fernández

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De paso

26/03/2009

Me dijo que ella sólo estaba aquí de paso. Pero, ¿acaso no lo estamos todos?

Gonzalo Fernández

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Esperanza

04/03/2009

La única esperanza que abriga el hombre sensato es poder, algún día, abanadonar toda esperanza.

Gonzalo Fernández

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Qué dirán

03/03/2009

No me importa lo que piensen de mí los demás, siempre y cuando sea bueno.

Gonzalo Fernández

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Psicoanálisis

02/03/2009

—Pero entonces, ¿qué es lo que quieres? —me preguntó el médico.
—Construir una casa empezando por el tejado, —dije yo—. Despertarme muy fresco sin haberme acostado. Subir por una escalera y terminar más abajo.
—Tú nunca serás feliz, —diagnosticó el.
—Y usted nunca sabrá volar, —contesté yo.

Gonzalo Fernández

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Melocotón

13/02/2009

Bienaventurados aquellos que no son capaces de pensar de forma abstracta, porque para ellos un melocotón siempre será un melocotón.

Gonzalo Fernández

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Mañana será otro día

12/02/2009

Mañana será otro día, dijo ella. Y yo, que aquella tarde había estado muy tranquilo, me quedé allí con el corazón atropellado, el cerebro muy ligero y esa horrible sensación de querer correr y no poder que se tiene a veces en los sueños.

Gonzalo Fernández

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Mentiras

30/01/2009

Al final me cansé de oír mentiras, reventaron mis tímpanos y dos hilos de sangre corrieron por mi cara hasta juntarse en la barbilla. La sangre cayó al suelo, salpicó mis zapatos, salpicó mi cuerpo inerme, salpicó mi cuerpo todavía vivo pero ya sin vida. Cuando cesó el dolor seguí siendo el mismo, pero con sordera selectiva. Y no volví a contestar sus llamadas, porque ya no las oía.

Gonzalo Fernández

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La bailarina judía

22/01/2009

Pablo me dijo que había conocido a una mujer judía, una famosa bailarina. Su mirada no era triste ni era altiva, a pesar de lo que todos decían. Según mi amigo Pablo su actitud era más bien ausente. Estaba harta y aburrida de estar siempre rodeada de gente. Gente que sólo quería poder decir que la conocía. O que la había conocido. Como hacía Pablo ahora conmigo. Pobrecilla. Pobre bailarina judía.

Gonzalo Fernández